El tablero de ajedrez sobre el que se mueven las fichas de Venezuela, hace pensar que el reloj alternativo de los jugadores es parte del propio problema. Es un tablero con dos jugadores y muchos observadores, algunos parecen dar instrucciones, otros, más bien, sirven de animadores.

Si se ve el tablero de Guaidó, pareciera que atrás se está quedando esa imagen de país rico y comunista. Esa imagen de despilfarro y corruptelas. Se vislumbran tiempos limpios, llenos de ilusión, de esperanzas, pero, sobre todo, esa sensación de plantarse frente al futuro con la mirada al horizonte, el corazón volcado a que se haga justicia y las manos ocupadas en poner las piedras en aquellos muros que serán las nuevas instituciones de la democracia.

El 23 de febrero nos dejó una imagen cenital del tablero. Fue un claro ejemplo del proceso dictatorial y humillante contra la humanidad del señor que se dice presidir Venezuela, Nicolás Maduro. Camiones con ayuda humanitaria fueron quemados por la Policía Nacional Bolivariana así, sin más reparo que el coste de unas cerillas. Poco importa que dentro vayan medicinas o alimentos para una población que está muriendo a causa del fallido gobierno del tirano chavista.

Por otro lado, un esperanzado y, a la vez, dinámico Juan Guaidó, encaramado en uno de esos camiones y, sorteando todo tipo de cortapisas que le puso Maduro, saltó a territorio colombiano para eso, dar una voz de salida a la entrada de la ayuda humanitaria. No se tenía claro el panorama de oprobio y maldad que tenía preparado el dictador.

En las aguas del Caribe, un barco tuvo que volver a su puerto porque los ‘amigos’ de Maduro dispararon contra el navío. Mientras, y aquí viene lo bueno, Raúl Castro le ordena a su niño rojo y bigotudo que resista, al menos, hasta que pase el referendo consultivo pata el cambio constitucional que Cuba ‘necesita’ para seguir en su senda de hundimiento moral y económico.

La gente, la común y corriente, aprieta los ojos de cansancio para tratar de entender qué pasa. Memes van y vienen por las redes sociales. Textos elocuentes de políticos que no han estudiado tácticas de guerra y que, van por libre haciendo predicciones y vaticinios como si de Nostradamus modernos se trataran. ¡Apocalipsis! ¡Destrucción! ¡Guerra mundial! Se oye proferir en trinos roncos de tanto teclear. Otros adivinos, con voces edulcoradas llenan de hashtags de bondad los procesos que se viven, no sin antes seguir sorprendidos por tanta maldad chavista.

¿Y Juan Bimba? Sigue en su cerro, en su rancho. Esperando. Por un lado, viendo cómo pasan los días y el tirano se expande tanto en vociferaciones como su abdomen va disparando botones de su camisa. Por el otro, admirando las andanzas del joven presidente encargado, su capacidad de organización y movilización.

¿La tropa? Le jura a Guaidó y da la espalda al dictador. ¿El alto mando? Sacando lo que les queda en los arcones para irse a un exilio dorado en las tranquilas aguas de Varadero. ¿Los ministros de Maduro? Saliendo por la Rampa 4 del aeropuerto de Maiquetía sin ser vistos, sin dejar registro de su huida.

Amanecerá el 25 de febrero con las pilas cargadas. Reuniones con la diplomacia, nuevos intentos de pasar la ayuda humanitaria, últimos días de Maduro, así, como Noriega.