Originalmente publicado en bez.es

Ya el alto al fuego entre las FARC y la Casa de Nariño es un hecho. Es bastante después de más de cincuenta años de empuñar y disparar armas. El dejar los fusiles sin armarlos es, por el momento, el mayor logro del acuerdo de paz firmado en La Habana.

¿Qué viene ahora? ¿Qué toca desarrollar en lo inmediato? Toca, nada menos, que los colombianos de a pie asuman, tragando mucha saliva y pacientemente, que el proceso de paz firmado al final de agosto se convierta en una paz duradera con la aprobación del referéndum ciudadano.

Toca desarmar los ánimos, curar las heridas dejadas por las más de 200.000 mil muertes, los miles de secuestros, no mirar hacia las formas de crear recursos por parte de la guerrilla. Toca pensar en el futuro y dejar atrás, bien atrás, el pasado y aprender de los errores.

A los guerrilleros les tocará dejar de pensar en las armas como moneda de cambio, adecuarse a la vida civil, llevar vidas comunes, vestidos civiles, trabajos dignos, educarse como los demás, buscar hacer sus vidas, retornar a sus familias. Les tocará ser señalados durante un tiempo hasta que demuestren que son capaces de integrarse. Les tocará ser los hombres y mujeres -otrora de bien para los milicianos que les acompañaban- convertidos en gente voluntariosa para la sociedad, para Colombia.

Toca a todos los colombianos asumir que el enemigo sigue en casa, que el Ejército de Liberación Nacional continúa con sus andanzas y que algunos guerrilleros podrían seguir en su lucha armada, en otras selvas, en las fronteras de Venezuela y Ecuador.

Toca pensar que lo que viene también es complejo para los países fronterizos, saber manejar a las comunidades de tal forma que sean ellas mismas las abanderadas de la paz sabiendo acoger, reconocer y perdonar.

Tocará hablar de esa guerra -ya pasada- en las escuelas, en los institutos, en las universidades, en la prensa sin el temor de las represalias y sin que la ética del miedo medie antes de hacer correr la tinta por las rotativas.

Tocará usar aquel diccionario de términos para la paz, que tenía como título “Para desarmar la palabra”,  que se redactó un día para que la prensa asumiera el reto de hacer un nuevo aparato comunicativo que proponga un léxico común, desarmado, con nuevos adjetivos que permitan esa tranquilidad ciudadana de la que se habla en el tratado de La Habana.

A los mandatarios, no solo a Juan Manuel Santos, sino a los que vengan, les tocará reafirmar los acuerdos, aunque en su momento no hayan aprobado el referéndum del próximo octubre. Les tocará asumir una verdad nacida de la lucha armada, de las amnistías a los líderes de las Farc, de respirar esos aires contaminados como los más limpios.

A todos tocará una mañana cualquiera, tomar un “tintico” junto a quien le retuvo secuestrado y, aunque genere repudio, saber perdonar desde lo más profundo del raciocinio, porque desde las emociones será difícil manejarlo.

A las ciudades les tocará estar alertas, sensibles ante las posibles reagrupaciones de los guerrilleros, ante los brotes aparentemente inocuos de armamentismo y agresividad contra los ciudadanos. Tocará mantener los ojos de la espalda muy abiertos, conscientes del rol de protección personal que tocará asumir.

A los pueblos les tocará debatir y comprender el fin de la lucha armada, que los campesinos no vivirán más del cultivo de la coca, ni de la fabricación de la cocaína para su supervivencia, sino que el campo deberá pasar a otro tipo de productos que apoye la dieta y coadyuve a la economía de otra forma.

Tocará crear trabajo, llamar la atención para la inversión internacional, fomentar la educación y los planes sociales, impulsar la economía, atenuar la pobreza que vive en las viviendas de comuna (chabolas) con buen empleo, nuevas industrias, trabajo digno y dignificante, edificante y moralizante. De ese que hace que la frente perlada de sudor sea motivo de orgullo y satisfacción.

Una vez que los ciudadanos aprueben el referéndum, el gobierno de Juan Manuel Santos tiene como tarea procurar que los colombianos, todos ellos, puedan encontrar en todos los diferentes confines de su país, la acogida cariñosa de su patria, de su gente.