Transitar hacia la paz en Colombia no parecía tan complejo como lo está siendo. La firma del acuerdo de paz que se logró en La Habana el pasado mes de septiembre, el cese al fuego bilateral y una nueva vida cargada de sentimientos encontrados, pero plena de perdones, no luce del todo halagüeña, aunque sí posible.

Los mensajes en contra de la inclusión de los líderes guerrilleros a la vida política colombiana de los expresidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana -quienes lideraron en sus días arduos procesos para alcanzar la deposición de las armas por parte de las Farc- resultaron acentos importantes a la hora de ese perdón final que pretendía el acuerdo y, en consecuencia, Juan Manuel Santos.

La opinión ciudadana, al menos la manifiesta -hay que recordar que el referéndum sólo aglutinó a un poco más del 30% de los colombianos- dijo No al acuerdo. La sorpresa fue mayúscula. Unos pocos miles de votos dieron al traste con años de negociaciones. La inesperada noticia ha puesto de manifiesto que el perdón no es un mero enunciado, sino un proceso largo que requiere de muchas horas de reflexión, de ajuste de cuentas con el espíritu.

Las consecuencias de ese No han puesto sobre la mesa de negociaciones que el cese al fuego tiene término. Una fecha señalada como posible reinicio de las hostilidades entre las Farc y la Casa de Nariño. El 31 de octubre deja en el calendario una nueva marca oscura. Un trazo que podría acabar con tantas horas de trabajo buscando la paz. Un posible disparo de alguna de las partes que encendería la yesca del polvorín. Un fortín apenas velado con los bolígrafos que otrora fueron balas.

En medio de toda esta maraña informativa, ese reclamo de voces que se levantan entre el sí y el no, se suma otra noticia desde Noruega. Santos recibe el premio Nobel de la paz. El anuncio vuelca con rapidez las felicitaciones a los posicionados ante el conflicto. Tanto los líderes de las Farc, Uribe y el propio Santos celebran el premio del presidente colombiano. El galardonado incluyó a toda Colombia en sus palabras madrugadoras, a las víctimas de la violencia, a todos aquellos que repudian la acción del conflicto, a aquellos que dieron su opinión en el referéndum y siguen haciéndolo después.  “Colombianos”, dijo Santos, “este premio es de ustedes. Lo recibo, en especial, en nombre de las millones de víctimas que ha dejado este conflicto que hemos sufrido”.

Otro punto se anota Santos en estas múltiples batallas hacia la paz. El Ejército de Liberación Nacional (ELN), el segundo frente paramilitar de Colombia, liberó al exalcalde Fabio León Ardila a quien tenían secuestrado desde el mes de junio. Una acción que deja entrever que el proceso de paz en mucho más amplio y complejo que lo percibido en las primeras páginas de la prensa. Requiere de enfoques, esfuerzos y tomas de decisiones que van más allá de los propios intereses de la lucha armada. Pareciera que implica otorgar, deponer armas, ceder posiciones. Un proceso que obliga a someterse a nuevas reglas de juego que, sin duda, se alejan de lo cotidiano de la guerrilla, de la selva que oculta los rostros uniformados.

Mientras parecía que Uribe y Pastrana se regodearían en el triunfo del No en el referéndum, los movimientos de los exmandatarios han sido también sorprendentes. Han tendido la mano a Santos para que los pasos hacia la paz tengan la firma de los mandatarios colombianos. Una forma de darse a conocer, de ganar réditos en ese río revuelto de emociones que propende ese tránsito hacia la paz colombiana.

Ahora, no se trata solamente de esa “photo-finish” de Santos y Timoshenko dándose las manos vestidos con sus guayaberas. Detrás de ese gesto hay muchas personas que deberán cambiar de forma de vivir, de entender, de hacer. Deberán quedar de lado los manejos de aquellos que ayudaban a las Farc, los procedimientos militares, las huidas, el control de la droga, las armas disuadoras de voluntades.

Un transitar hacia la paz que tiene sus escalas. Paradas y arranques, subidas y bajadas que marcan a un país que, al final del camino, encenderá procedimientos, tonos y maneras de negociación, alertas sociales y políticas para la gobernanza de las naciones. A paso de procesión, de balanceado vía crucis, así se construye el camino colombiano hacia la paz.