Originalmente publicado en El Debate de Hoy

Nicolás Maduro ha demostrado con creces su ineptitud económica. No solo ha sido capaz de llevar a Venezuela a una hiperinflación que, según el Fondo Monetario Internacional podría alcanzar el millón por ciento en 2018, sino que, con un aparente manejo del discurso económico, ha demostrado cómo el ‘cero mata al cero’. Para darle lustre a su torpeza ha creado un nuevo cono monetario sobre la base de un bitcoin creado por él mismo –el Petro- que, más que paliar la situación económica venezolana, la ha empeorado. El paquetazo rojo de Maduro es eso, un intento desesperado por demostrar que la revolución del socialismo del siglo XXI sigue sobre un pie tambaleante porque la torpeza de la propia ideología ha rebasado los límites de la tolerancia social, política y, hasta monetaria.

Junto a esta desconfianza creciente en las políticas económicas, el paquetazo rojo de Maduro contempla un aumento de salario en 3364,2% superior al anterior. Este aumento salarial no hace sino colocar los ingresos de los trabajadores más pobres en 30 dólares mensuales, es decir, un solo dólar por día.

Maduro ha montado un discurso en el que aparece el empresariado como enemigo de la revolución. Esa es una lejana aproximación del problema real de la economía chavista. Hay que subrayar que el empresariado venezolano busca hacer milagros para mantener abierto el mínimo aparato productivo que, después de años de expropiaciones y malversación de los recursos por parte del chavismo, está mermado y prisionero de los decretos y listas de precios de los productos más elementales.

Si se observa con cuidado los distintos pasos que han hecho los economistas creadores de este paquetazo rojo, vemos que no distan de las medidas que, en su día, adoptó Chávez. La única diferencia está en que Chávez quitó tres ceros a la moneda y con esa maroma, creó el Bolívar Fuerte. Maduro, siguiendo el ejemplo del comandante, quitó cinco ceros más al Bolívar Fuerte para convertirlo en Bolívar Soberano. En total en apenas diez años, ocho ceros a una moneda que, además de débil, no permite que el propio pueblo pueda paliar sus necesidades básicas.

Por otro lado, para comprender cómo es la reconversión monetaria debemos usar al Dólar Americano. Para adquirir un Dólar eran necesarios seis millones de bolívares fuertes (hasta el día 20 de agosto). El paquetazo rojo de Maduro encubre la conversión al solo necesitar 60 bolívares soberanos. En la misma idea, el salario básico de los venezolanos se ubica en 30 dólares mensuales -un dólar diario (0,81 euros) – pero, que en bolívares fuertes alcanzaba la friolera de 180 millones, lo que hoy se traduce en mil ochocientos bolívares soberanos.

Un paquete de medidas que va a lastrar parte de las exiguas arcas nacionales al asumir el aumento de salarios durante los primeros tres meses, siempre bajo la presión de que el empresariado se someta al carnet de la patria y que le permite al gobierno tener controlada a la población en lo que se refiere a su consumo de combustibles y alimentos.

Los pronósticos más agoreros se empiezan a ver. El maquillaje sirve para darle más leña al fuego de la ignorancia popular. Lo que se empezó a ver los primeros días de la reconversión fue más inflación, menos empleo, el ahorcamiento del empresariado con el aumento de los salarios en la proporción que ha decretado el gobierno.