Nicolás Maduro juega con fuego . La UE pasa a la acción y prohíbe el envío de armas al país

 

La reciente tanda de sanciones de la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá a Venezuela, refleja que el dictador venezolano no está jugando limpio desde hace tiempo. Persigue, encarcela y juega con los políticos a su antojo, dándole piso a que las democracias occidentales estén alertas ante los desmanes de las políticas que, por extremas en materia de manejo económico, hambrean al pueblo y lo alejan de la salud.

Ya no basta con destacar las largas colas para conseguir los alimentos que provienen de tierras lejanas, sino que la inflación chavista alcanza frioleras cifras que, de tantos ceros, no es posible entender cuánto cuestan los diferentes rubros en el país latinoamericano.

Lo peor viene cuando se sabe, desde hace mucho, que los países productores de armas, esos que se han hecho la vista gorda frente a los atropellos del chavismo desde sus inicios en 1999 contra el pueblo opositor, han apertrechado a los militares y milicias chavistas hasta convertirlos en peligrosos ejércitos armados contra los civiles, dejando claras huellas de su acción bélica en los rostros y cuerpos de los venezolanos que, en su legítimo derecho de protesta, han alzado pancartas en contra de esas políticas que han acabado con el aparato productivo o, en el peor de los casos, han acabado con la vida de algún manifestante con esas mismas armas que ha ido coleccionado el régimen chavista desde que tomaron el poder.

¿Qué es lo que está en juego? ¿Qué dicen la Unión Europea y los Estados Unidos? ¿Por qué estas sanciones ahora y no antes?

Si se trata de la Unión Europea, lo que se está por aprobar este lunes 13 de noviembre son sanciones diplomáticas, es decir, buscan el embargo de armas para evitar nuevas represalias internas. Esto se traduce en que los 28 países miembros de la UE no podrán enviar armas al régimen venezolano, así como tampoco dispositivos de vigilancia electrónica.

Además, se busca crear una lista negra de afectos al régimen y a esos excesos represores que, por añadidura, tendrán vetada la entrada a los países de la Unión Europea. Esta medida hará que esas personas afectas al régimen de Maduro vean limitado su campo de acción en materia migratoria.

Evidentemente este tipo de medidas no afectan directamente al pueblo. Al contrario, mantienen los cauces de diálogo que ha emprendido el expresidente español Rodríguez Zapatero y, por demás, alivia las posibilidades represivas en un futuro inmediato al no poseer los órganos de seguridad del Estado venezolano las municiones para emprenderla contra la ciudadanía.

Por otra parte, la satisfacción de los Estados Unidos y Canadá es inmensa. Al sumarse la Unión Europea a estas sanciones, ya son varias economías fuertes las que acometen medidas sancionatorias contra el gobierno de Caracas.

Ahora bien, se plantea que estas medidas de control de armas tienen un rango de acción bastante limitado porque, tanto China como Rusia, principales acreedores de Maduro, siguen vendiendo armas al gobierno del palacio de Miraflores.

A la represión se suma la hiperinflación

El pueblo está contra la espada y la pared. Con una economía hiperinflacionaria, el Fondo Monetario Internacional estima que la inflación venezolana alcanzará el 1300% este año 2017, lo que deja en ridículas proporciones los ceros de las calculadoras y, por supuesto, el manejo de la economía familiar.

Si se mira al salario mínimo recientemente aumentado por el gobierno el pasado 1 de noviembre a BsF 456.507,oo y, se le agregan los tres ceros que se le habían quitado en 2007, el salario mínimo alcanza la friolera de Bs 456.507.000,oo. Con esa cantidad de dinero, en 1992 se hubiesen podido comprar 76 pisos o apartamentos de 60 metros cuadrados. Ahora, si traducimos esa cantidad de bolívares del salario mínimo a la divisa europea son 7,48 euros mensuales. La pregunta inmediatamente es, ¿qué se puede comprar con siete euros y medio al mes? Nada, sencillamente nada. Un ejemplo es el coste de la carne. Un kilo de carne alcanza la cuarta parte del salario con un precio de BsF. 100.000 (y subiendo). Esas cifras son inmanejables en la economía doméstica. Que un salario mínimo no sea capaz de satisfacer las necesidades alimentarias básicas es, por decirlo, en dos palabras, pasar hambre.

Y, se resta la oposición

El otro problema es que la presión social que se sostuvo desde abril hasta inicios de septiembre, se agotó. La gente se frustró, la misma oposición empezó de demostrar fisuras que terminaron en fracturas importantes a tal punto que al quedar libre el opositor Yon Goikoechea, manifestó que se separaba de su partido político, Voluntad Popular, el mismo de Leopoldo López. Este partido político expresó que no se presentaría a las elecciones municipales por la misma razón que se alejó el entusiasmo que mantuvo la calle caliente: la desconfianza en el órgano electoral.

Las voces al respecto de acudir o no a las elecciones son diversas desde las pasadas elecciones a gobernadores. Con fuertes limitaciones por parte del gobierno y, la complacencia de los demás poderes del Estado, las opciones de avanzar en materia de poder se desvanecen mucho más si la propia oposición no se presenta a las elecciones.

La presión viene de fuera

Maduro juega con fuego al seguir con sus políticas represivas, no poder controlar la inflación y, a la vez, no poder mantener la estabilidad social. La presión que tuvo dentro, pasa a esas medidas extranjeras, dentro de las que las impuestas por los Estados Unidos son las más duras: la no compra de crudo venezolano. Estas acciones de la administración Trump afectan directamente a la filial de Petróleos de Venezuela (PDVSA) en Estados Unidos, Citgo.

Con tres refinerías ubicadas en los estados de Illinois, Texas y Louisiana, Citgo necesita de casi 800 mil barriles diarios de petróleo que, por no provenir de Venezuela, debe comprar a quienes se lo suministren, con el agravante de no tener crédito con los productores de petróleo crudo y, en consecuencia, no poder enviar a las oficinas de PDVSA en Caracas las divisas necesarias para mantener el aparato digestivo del gobierno: las dádivas compradoras de conciencia.

Al presidente venezolano se le complejizan las cosas. Ha conseguido un refinanciamiento de su deuda con Rusia y China, pero no contento con ello, acusa al presidente de la Asamblea Nacional de ser el responsable del embargo que ha impulsado el presidente norteamericano.

Total, que Maduro está entre fuegos. Si hace poco tenía presiones internas por las manifestaciones, estas se han virado, se han agudizado porque, sin duda, las necesidades de ayuda humanitaria del pueblo venezolano son patentes tanto en hambre como en salud.