Maduro vuelve al ataque con su verborrea y sus amenazas contra los comerciantes venezolanos. Dicta con un casco sobre la cabeza –por algo será– una serie de medidas que sin duda alguna van contra todo el aparato productivo y de comercialización venezolano y, es más, lo adereza con medidas populistas para tratar de tapar con un dedo lo inocultable: la economía venezolana no tiene remedio en el corto plazo. Ya hizo aguas, se fue a pique y lo que es peor, para poder mantener un flujo de dinero mínimo se tiene hipotecado el futuro con los chinos.

Son 7 las medidas. Siete como las plagas bíblicas.

La primera, una la Ley de Precios Justos. Esto quiere decir que habrá un marcaje de productos con un Precio Máximo de Venta al Público para todos los productos y servicios que se comercialicen y en especial aquellos que sean protegidos por el gobierno como alimentos y el sector salud. Para eso crea el Sundde (Superintendecia de Precios Justos), para que se regulen los precios. Será evidente que los precios estarán por debajo de los niveles de ganancia y que en consecuencia, mas negocios entrarán en quiebra y por supuesto, mas desempleo.

Para poder hacer que el Sundde tenga operatividad crea un mecanismo regulador que peinará al sector productivo y comercializador. La fórmula es propia del sistema cubano: será el propio pueblo el que denuncie frente a las autoridades quién se está beneficiando por el marcaje de precios que se consideren injustos. Otra vez, más cierres de empresas y mas desempleo.

¡Ay de aquel que suba los precios! Sanciones y mas sanciones entre ellas cárcel y, por si fuera poco, las posibilidades de cambio de moneda quedan mucho mas restringidas y, según las medidas, desaparece el dólar paralelo o fantasma que ha ayudado, al menos, a tener cierta holgura en materia de abastecimiento. Veremos a cuánto llega el dólar oficial con esta medida. Por lo pronto el otrora bolívar fuerte tiene reumatismo y si no se tiene una mochila, es poco probable poder comprar sin un lote enorme de billetes.

Además, unifica dos ministerios, así como para que la cosa no quede tranquila. Mientras se mueven de las sillas los funcionarios, deja que sea el pueblo el que acuse y señale… tácticas distractoras de la administración para no dar cuenta de lo que verdaderamente pasa en las calles.

Hace un balance realmente sorprendente: “este año estamos sobrecumpliendo en el cobro de impuestos”. ¿Cómo es eso de sobrecumpliendo? Los impuestos se cobran y punto. Es labor del gobierno como brazo ejecutor del Estado cobrar los impuestos. Nada de cuotas de impuestos, señor Maduro. Y encima, para remate, declara que el dinero de los impuestos va a las misiones. Otra vez al margen de la institucionalidad, pura retórica chavista del manejo de los dineros públicos. Dieciséis años regalando el dinero sin que haya control. Así, las arcas se vacían, la economía no funciona y, el pueblo se va cansando de estar adulando a los mandantes para que les den de comer.

Por último, la medida siete, así para que el pueblo lo considere un hombre bondadoso, para que su discurso no sea puro regaño hacia los comerciantes, arroja limosna sobre los mayores. Le dará a los “viejitos” como dice el dictador sus pensiones de 9650 bolívares fuertes, es decir, al cambio del dólar libre 10,68 euros al mes (43,86 euros al cambio oficial). Con esa suma estratosférica en el bolsillo los viejitos harán sus colas frente a los supermercados para cambiar ese dinero que trabajaron toda su vida por lo que “haiga”.