En esta revolución bolivariana falta todo.
Falta la inversión necesaria en infraestructura para que no falle la luz, ni el agua, ni la educación, ni la salud.
Falta también la voluntad de querer hacer en lugar de señalar y castigar.
Falta, porque se le gastó a la gente, la capacidad de asombro. Sobra el conformismo y las soluciones de “peor es nada” que hemos visto y seguimos viendo en estos paros escalonados de electricidad que son fomento para el hampa encubierta en estas noches aún más oscuras.
Falta la capacidad de previsión del ahorro nacional, malbaratado de tal forma que no se tiene dinero en las arcas para la campaña electoral a la Asamblea Nacional si no es quitándoselo al pueblo para que las “caraotas”, harina de maíz, leche y demás productos alimenticios que consuma, le salgan al doble. Cada año al doble porque no sabe manejar la inflación, porque le falta conocimiento de la economía.
Falta, señor presidente, capacidad de trabajo, de movilización por el ideal de construir país y falta, sobre todas las cosas, el respeto a todos aquellos que no son como usted.