La potencia de la voz, las formas altisonantes, esas “pes” sobre actuadas. Sí, esas en las que se come parte del bigote y hace que los labios generen una exPlosión con golpe de micrófono, esa misma explosión, si se quiere estética, arroja con toda su fuerza incandescentes trozos por doquier.

Son partículas incendiarias que van arrasando todo a su paso. Fomentan la criminalidad al permitir de un modo institucional que las cifras de asesinatos alcancen los 25 mil al año, que el desabastecimiento sea también parte de esa institucionalización al aparecer los bachaqueros (son revendedores de los enseres, alimentos y medicinas) como modus vivendi para muchos, al dejar de lado el aparato productivo después de haberlo desmantelado con exPlosiones de exProPiación.

Venezuela es trending topic. Una tendencia comunicativa internacional que se agolpa en las primeras páginas y con larga extensión de tiempo en emisiones de radio y televisión. Maduro se ha convertido en una vedette mediática por sus acaloradas formas de no tomar decisiones, por ese impulso que toma cada día para huir hacia adelante arrasando, como el barbarazo, que acabó con to’.

La institucionalidad y el buen hacer democrático no son respetados. Se ha hecho un autogolpe de Estado al secuestrar la pluralidad de poderes sobre sí mismo, al tener plegado el Tribunal Superior de Justicia a sus deseos, al no querer reconocer las firmas que avalan la solicitud de referéndum revocatorio, al desconocer las decisiones de la Asamblea Nacional, manipularlas y, por decir lo menos, despreciarlas.

Se burla de todo y todos y con ello deja al descubierto el poco respeto que tiene hacia lo nacional e internacional. Un ejemplo fue la reciente visita de José Luis Rodríguez Zapatero. Muchos apretones de mano para nada. Nada de diálogo, “¿Para qué?” Pareciera decir Maduro, yo he llegado al poder por elecciones democráticas y a mí no me saca nadie.

Las disidencias internas se empiezan a manifestar. Algunos miembros de la Fuerza Armada le dan advertencias. Una fuerza armada que tiene un problema de base: las juras a la bandera desde hace 17 años han sido a ese Estado creado a la medida del comandante supremo de la revolución y mentor en trinos del presidente de las “pes” explosivas. Una patria roja-rojita, una ilusión trasnochada de democracia y constitución dictadas por teléfono a la asamblea constituyente por el propio comandante. Pocas esperanzas de que los militares asuman el reto de encaminar una transformación. ¿Recuerdan cuando muchos de ellos se refugiaron tras las faldas de las señoras en la Plaza Altamira? Nada de gónadas en los uniformados.

Las virutas incandescentes van prendiendo. La oposición, movilizada una vez más por Capriles con el respaldo de la Mesa de la Unidad Democrática y bajo el ala de la Asamblea Nacional busca con las firmas y, amparados en la Constitución, cambios democráticos lo menos traumáticos posible.

El caso venezolano no deja de ser trending topic. Se van por sus fronteras miles de venezolanos hartos de no tener seguridad, comida, persecución, odio, una inflación galopante que se empezó a camuflar al quitarle 3 ceros a la economía en 2007 y que, si se multiplica todo por mil las cifras no caben en las calculadoras. A pesar de los decretos de regulación de precios –un kilo de pollo cuesta 2800 BsF, un kilo de arroz 1400 BsF– y del aumento del salario a 15.051 BsF, imagine si puede hacer la compra mensual para satisfacer a su familia con ese salario y esos precios. Eso si después de hacer colas interminables frente a un supermercado, consigue el pollo o el arroz.

No hay control de nada. No puede haberlo porque el chavismo ha desmontado todo. Se ha convertido la acción del gobierno en misiones, operativos que han repartido lo que ha ingresado de ese modo populista que, afortunadamente, hace aguas en todo el continente americano.

Otra explosión, ésta de institucionalidad y democracia, se extiende por el continente americano sin aspavientos, sin malas formas. Tranquilamente.

Veremos.