Como siempre el gobierno chavista define los términos de la democracia. Para el gobierno chavista o existe otra forma de Estado que la impuesta por ellos mismos. No se trata de buscar la paz, sino de poner fronteras, calificar, en síntesis, condicionar. Dan risa. Jorge Rodríguez, alcalde del Municipio Libertador leyó un comunicado oficial que plantea que el gobierno de Nicolás Maduro está dispuesto a dialogar, eso sí, exigiendo a la Mesa de la Unidad Democrática eso, un diálogo sin condicionamientos.

El comunicado genera hilaridad, máxime que le acompañaron dos ministros –Delcy Rodríguez “la canciller” y Roy Chaderton “el excanciller”, como si un alcalde tuviera que estar flanqueado por ministros, una caricatura gobiernera y cursi, por demás, que demuestra la debilidad del liderazgo de Rodríguez y, por supuesto, de los ministros.

En su alocución calificó a la oposición de aliarse con el extranjero con el fin de derrotar a Maduro, como si durante los 17 años en el poder el chavismo no se hubiera rodeado de lo más granado de la impopularidad internacional: Castro, Ahmadineyad, Gaddafi, Al Assad, Mugabe y un largo etcétera. Exigen, si, y no son capaces de revisar su propio álbum de fotografías en las que su líder máximo se rodeó de los más crueles dictadores.

¿Qué hace la oposición reuniéndose con líderes del mundo libre? Pues eso, clamar por libertad. Sabe que no existe otra vía de salida del régimen de Maduro que no sea la democrática, la que constitucionalmente existe y la que es mundialmente plausible. No toca a la oposición ser cómplice de marramuncias ni de pactos en los que la economía venezolana esté en juego, o la dignidad de los venezolanos hipotecada.

La MUD y sus líderes hacen lo que les toca: apalancarse en los sentimientos de hambre de justicia, en las instituciones internacionales, en una moralidad por encima de la corrupción chavista para colocar sobre la mesa, desde hace mucho por cierto, un pliego de posibilidades de diálogo. No tienen cortapisas, ni otras condiciones que no sea exigir respeto por las acciones de los ciudadanos que se han manifestado en miles de firmas que piden que se produzca un referéndum revocatorio, ese que el mismísimo Chávez inventó, esgrimió, pero no aceptó.

Cuídese señor Rodríguez, y mucho. Cuide su vocabulario, sus formas y gestos. Le sobra esa bravuconería adornada y superficial que se aleja del Estado, de las funciones para las que está investido.

Como siempre el gobierno chavista define los términos. No se trata de buscar la paz, sino de poner fronteras, calificar, en síntesis, condicionar. Dan risa. Jorge Rodríguez, alcalde del Municipio Libertador leyó un comunicado oficial que plantea que el gobierno de Nicolás Maduro está dispuesto a dialogar, eso sí, exigiendo a la Mesa de la Unidad Democrática eso, un diálogo sin condicionamientos.

El comunicado genera hilaridad, máxime que le acompañaron dos ministros –Delcy Rodríguez “la canciller” y Roy Chaderton “el excanciller”, como si un alcalde tuviera que estar flanqueado por ministros, una caricatura gobiernera y cursi, por demás, que demuestra la debilidad del liderazgo de Rodríguez y, por supuesto, de los ministros.

En su alocución calificó a la oposición de aliarse con el extranjero con el fin de derrotar a Maduro, como si durante los 17 años en el poder el chavismo no se hubiera rodeado de lo más granado de la impopularidad internacional: Castro, Ahmadineyad, Gaddafi, Al Assad, Mugabe y un largo etcétera. Exigen, si, y no son capaces de revisar su propio álbum de fotografías en las que su líder máximo se rodeó de los más crueles dictadores.

¿Qué hace la oposición reuniéndose con líderes del mundo libre? Pues eso, clamar por libertad. Sabe que no existe otra vía de salida del régimen de Maduro que no sea la democrática, la que constitucionalmente existe y la que es mundialmente plausible. No toca a la oposición ser cómplice de marramuncias ni de pactos en los que la economía venezolana esté en juego, o la dignidad de los venezolanos hipotecada.

La MUD y sus líderes hacen lo que les toca: apalancarse en los sentimientos de hambre de justicia, en las instituciones internacionales, en una moralidad por encima de la corrupción chavista para colocar sobre la mesa, desde hace mucho por cierto, un pliego de posibilidades de diálogo. No tienen cortapisas, ni otras condiciones que no sea exigir respeto por las acciones de los ciudadanos que se han manifestado en miles de firmas que piden que se produzca un referéndum revocatorio, ese que el mismísimo Chávez inventó, esgrimió, pero no aceptó.

Cuídese señor Rodríguez, y mucho. Cuide su vocabulario, sus formas y gestos. Le sobra esa bravuconería adornada y superficial que se aleja del Estado, de las funciones para las que está investido.