Cuando hace 30 años PDVSA se planteó llegar al país con un mensaje de uno de sus valores rectores, el mantenimiento, no se imaginó nunca Venezuela ni el venezolano, que el lema que cubrió vallas, camisetas y anuncios se convertiría en una añoranza.

Con Guri y la emergencia eléctrica se sueña inmediatamente con aquellos tiempos en los que se vivía mejor, y no es que fuera Suiza, sino que nos sentíamos orgullosos de la represa hidroeléctrica de Guri, de la industria petrolera, petroquímica y carbonífera nacional, de las empresas del hierro y del aluminio.

Era un país -al menos así se veía- de pujanza.

El país para querer que la Conahotu acuñó con imágenes de exuberancia y belleza. El país del petróleo, la belleza femenina y las telenovelas que dieron la vuelta al mundo como embajadoras de aquel “Cristal” de la cultura nacional.

Así pues, ahora que la luz se apaga, que el agua se aleja de la represa y los embalses, que las novelas del “2” (RCTV) no se verán más, que se muestra el tramojo de la desinversión y poca credibilidad en el país de Chávez, ese de los 11 años de amenazas y cumplimiento de lo ofrecido, extrañamos aquellos mensajes de la empresa que, por tecnocrática, se acercó a la gente con un lema sencillo y pegajoso: Cuidar es Querer (y la gente le agregaba su apellido) Petróleos de Venezuela y sus empresas filiales.

¿Cómo hizo para que se perdiera todo? ¿Cómo hicimos para que nos arruinara? Ya nos reclamarán, ya lo harán. El porvenir se encargará de mostrarnos nuestro (des)hacer.