En la condena de toda vejación

 

Como saben mis lectores, soy profundamente demócrata. Creo en las instituciones políticas, en la representación popular y en las decisiones soberanas.

Pero, con ese mismo fervor repudio los atropellos, las vejaciones y el dominio sobre todos los estamentos del Estado, para que el mandante juegue todo a su favor. En Honduras se vive una escenario muy parecido al de abril de 2002 en Venezuela y por eso Chávez -que ha creado franquicias de poder en Honduras, Ecuador, Bolivia y casi en Argentina, El Salvador- anda exigiendo (cosa cómica porque los países saben cómo son los procesos democráticos) a los países que sí son demócratas, que se vuelquen a favor de Zelaya, tal y como hicieron con él en su momento.

El pronunciamiento de los países del mundo entero y las organizaciones de países internacionales condenan todo tipo de ruptura del orden constitucional. Porque todo golpe de Estado es condenable como sabemos, pero los hondureños reclaman con mucha más razón, que su constitución sea respetada como corresponde por la primera magistratura de ese país centroamericano.

Lo que le viene a Honduras no es fácil. Sobre todo porque la cuchara de Chávez en esa sopa es más bien un cucharón con armas y todo, dispuestos a ponerle mucho más que sal a las diferencias y reclamos que tienen esos ciudadanos y sus militares.

Este blogger, tal y como dijo a sus amigos en abril de 2002, considera que los golpes de estado son afrentas contra el hilo constitucional, mas, así como los médicos amputan un miembro por el bien de un cuerpo, la institución armada hondureña decide, con el apoyo de parte del pueblo que se siente afectado por las decisiones de sus mandatarios, tomar la sierra y en pijama, sacar al presidente Zelaya.

Micheletti –el diputado que se acaba de juramentar de acuerdo a lo que interpreta de las leyes hondureñas- deberá demostrar muchas cosas para legitimarse: corrupción, desmanes a las leyes, intentos por violentar a la constitución. Todo esto con el ALBA en contra y con la mirada atenta puesta de los países que han condenado tradicionalmente los golpes de estado. Nada fácil, sobre todo si quiere realmente ser reconocido como demócrata.

Considero que lo que operaba era fomentar el repudio a los intentos de Zelaya de cambiar la constitución al estilo de Chávez, ir a las urnas en masa, votarle No a esos deseos de eternidad en el poder y gestar las reformas entre los opositores para acabar con los deseos de manejar el poder al antojo personal y alejado de las instituciones.

De eso la Venezuela opositora conoce la receta. No votó en masa, a la Fuenteovejuna, y aprobaron la constitución del 99. No votó para las elecciones de los diputados (por recomendaciones de los partidos políticos de la oposición) y desde entonces, con la principal institución del Estado en manos del chavismo, aprueban leyes que van en contra de los más caros principios. Porque aunque ahora vaya y vote, ya ese voto deja de valer porque quien supuestamente te representa en la Asamblea Nacional sólo vela por sus intereses porque ese mismo diputado, no aprendió a ser ciudadano.

Como siempre, la solución más democrática es participar. Eso lo aprendió Chávez después de intentar un golpe de Estado en 1992, pasar en la sombra un rato y lanzarse a las elecciones. Todo lo que pasa en Venezuela, todo lo demás, ha sido responsabilidad de la baja participación ciudadana que no se traduce sólo en marchas y protestas: se suma en votos, en aquellos votos iniciales, los que sí valían. Así pues, ¡Atentos hondureños! ¡Atentos!